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sábado, 10 de marzo de 2012

EL AGUA INCENDIADA


Portada del libro
33 x 26 cm

TRAZOS DE AUSENCIA SOBRE EL AGUA INCENDIADA
Miguel Ángel Lama

Decidme vosotras, ay compañeras, cómo reprimir mi mal. Sin el amigo
no podré vivir y volaré a buscarlo.

Jarcha, I
Dolor de ausencia, expresión de un desgarro que es principio de una tradición lírica. Las jarchas. Se canta lo que se va, lo que se ha ido o está yén­dose; aquello que no está y que se anhela, y quien canta se duele junto al que permanece, la madre, las compañeras, (ay yermanellas), que son apoyo en la es­cucha del planto. Desde las epístolas de las heroínas de Ovidio hasta el hambre y cebolla de las nanas de Miguel Hernández, desde el peregrino de Roma en Roma de Quevedo a Foscolo y Las últimas cartas de Jacopo Ortis, desde la elegía a la ausencia de Marina de Jovellanos hasta el paisaje con pájaros amarillos de José Ángel Valente, la literatura ha expresado siempre, en veta principal, esta noción de vacío de la vida sin el otro, donde la palabra es colmo trascendente del hueco. Dos, o más, que se aman y no están juntos (Ya sabes, mi amor, queme coge el morir. ¡Ven, ofi, ven, amigo mío, que no sé, sin verte, dormir!). Situación tan irreali­zable como dramática constituye poderoso motor que pone en marcha una ex­presión artística.

¡Ofí mis ojos, ¿Acaso los asuntos el fuego del corazón inflaman, o bien el ardor de mi sed empuja el correr de mis lágrimas?

Jarcha, II
Las lágrimas que corren y el pecho que arde, agua y fuego, no se unen sino en casos graves.
Jarchas andalusíes en moaxajas árabes y hebreas. El motivo, tópico de la poesía árabe clásica, del agua y del fuego como contrarios unidos en el amante inflamado de ardor amoroso y anegado en lágrimas de dolor de ausencia es base esencial de aquellas composiciones de la España musulmana de poetas de los siglos XI a XIV, cuyos versos finales nos ofrecieron los testimonios más an­tiguos de la lírica romance, y que en afortunado hallazgo de poeta saludó Dámaso Alonso con el rótulo de primavera temprana de la lírica europea. Abu Bakú Yahya al.Saraqusti al Gazzar y Abu-l-'Abbas al Ama al-Tutili o el ciego de Tudela.
 La fascinación filológica suscitada por estas cancioncillas sigue vigente por sus misterios y oscuridades, por las zonas de sombra que traza la dificultad de su interpretación. Pero otros valores hacen de ellas materia de atención moderna y permanente. Su hibridismo, por la convivencia de una forma gráfica semítica y una morfosintaxis romance o por sus grados de bilingüismo y entremezclamiento léxico. El carácter sintético silenciario de estas teselas poéticas que en muchos casos suponen el arranque de las canciones en las que se insertan. Las elementales pero sugerentes redes simbólicas que contienen. Su condición, por último de versos finales que son principio de todo.
Jarcha, III
El "lector" tiene en sus manos un libro cuyo fondo son las jarchas, aún sometidas a discusión y exégesis, aún abiertas a las pesquisas de los filólogos, de arabistas, de historiadores, de quienes proponen unas lecciones diversas que confirman que la ciencia no es sólo probetas y metales. Lo singular ahora, y destacable, es la recreación de unos textos para ofrecer una lectura tan especial como plástica. Ritmos de agua sobre la fogosa superficie del sentimiento amoroso, agua que corre y hierve constante, esticomitia y unidad de sentido y forma. Fulguración de la palabra. Y que esta palabra sólo sea humilde pórtico para entrar en materia.
Que las jarchas hoy, de la mano de un artista como Hilario Bravo, se conviertan en punto de partida y evocación para la composición de trazos de figuración lírica es prueba irrefutable de su sugerencia, del caudal que mana de la concentración expresiva de unos textos que a esta hora constituyen la floración primera de una literatura, primavera temprana.

Jarcha, IV


Jarcha, V


Jarcha, VI


Jarcha, VII


Jarcha, VIII


 

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