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viernes, 16 de marzo de 2012

HILARIO BRAVO, ASCETA DE LA PINTURA

Juan José Narbón


Pesadilla, 1985
Hilario Bravo
Kakemono 140 x 160 cm
Hilario Bravo es un asceta, y además de la pintura. Habría que quedarse perplejo que, ante una época tan ecléctica y confusa. Como la nuestra, se pueda descubrir un mundo estético tan inteligente e ingenuo a la vez como el que nos muestra el artista. Los mali­ciosos podrían inducir a los es­pectadores a confusiones malin­tencionadas, argumentando falsa notoriedad provocada a través de expresiones infantiles de orden estético, pero no es así. Práctica­mente, éste es el dilema; cuando dándose por aceptado los mínimos conocimientos técnicos, más o menos académicos, el problema es resolver la veracidad artística sobre la intención infor­mativa, en este caso del pintor.
La limpieza, el impacto direc­to, la pobreza de medios (ésta sí es provocada, o mejor, intencionada), la simplicidad expositi­va, la minuciosidad, etc., son sus argumentos materiales con las que Hilario Bravo nos informa de sus ideas sobre su determinada belleza. Para mí está claro que son, indudablemente, estos me­dios su finalidad, es decir, así co­mo, por costumbre, ha sido nor­ma que los medios materiales ha­yan servido de vehículo para in­formar una determinada inten­ción o idea, en el artista, lo citado no son meros ajuares, sino la to­talización de su sentido visceral estético. Pero este juicio mío quedaría cojo o incompleto si el lector entendiese, á través de esta apreciación, que lo que quiero decir es que el pintor defiende la teoría de la pintura por la pintu­ra, no es eso; es que además, y después de su intención principal, que es la pintura, sabe rodearse, muy inteligentemente de símbolos y gestos, también sentidos que le recuerdan sus an­cestros. Este hecho simbólico entre materialidad e idea dan co­mo resultado una gran compati­bilidad plástica eminente.
Útero, 1986
Hilario Bravo
Kakemono 137 x 88 cm
Independientemente de lo expresado conviene mencionar otros atributos como es la fabri­cación, por él mismo, del papel utilizado y empleado como soporte; transformado en idea co­mo relación experimental entre la materia y la intención. Esto es ya una actitud reflexiva ante las grandes posibilidades que nos ofrecen los acontecimientos sen­cillos diarios y que para la mayor parte de la sociedad pasan, ordi­nariamente, inadvertidos. Esta reverencia suya ante las mínimas cosas le convierte en un asceta ante lo noticioso o publicitario, por ende, ser elevado hacia una poética, tal vez en parte, monpo­niana o tapiana, pero, únicamen­te, en sus orígenes, porque, ya, su lírica, en una gran proporción trágica, nos muestra un impor­tante sentido analítico-emocional de lo rural extremeño, con las connotaciones culturales que la carga que la historia socioeco­nómica comporta. No es así del todo como yo veo a nuestro paisano Hilario Bravo, porque su lectura necesitaría más horas de reflexión, no obstante, y para terminar, en loor de su desinteresada comercialización, ahí va mi felicitación, con la seguridad de que ya ha entrado en el "diccionario" de los artistas contemporáneos.

El Periódico Extremadura, 15 de enero de 1986­, y
Anaquel, 8 de Febrero de 1986

MIRAD EL CUADRO

Pedro Juan Galán


Pierna y corazón, 1989
Hilario Bravo
Acrílico, parafina y collage sobre tela
115 x 155 cm.
Mirad el cuadro con los ojos gríseos y sin mácula del mirar de la memoria. Revolved los desvanes polvorientos del olvido. Apurad los cálices vacíos del pasado y la añoranza. Haced todo eso en el vértigo de un instante: descubriréis, al fin, allá en el fondo, la eterna verdad, la mentira fugaz del polvo y la ceniza.

Mirad el cuadro nuevamente, esta vez con los ojos negros y mendaces de la bruma y la calima del presente: veréis ríos como sierpes y culebras como ríos, escalas que se apoyan en la nada o descienden al vacío, cabezas columpiándose en el tiempo y relojes que ahogan  en la arena, la rama de un otoño de un pájaro imposible, el fuego violento de la ira y velas heridas o apagadas, las ruedas místicas del mito girando en el centro de la angustia.

Olvidad, si podéis, el cuadro finalmente. Escupid lo que habéis visto en la vorágine de un momento. Abrid, por fin, puertas y cerrojos, entrad sin miedo en la muerte presentida  del futuro: os quedará tan solo, allá a lo lejos, el rumor del oleaje de un mar inmenso de ascuas y cenizas: el vago recuerdo y persistente de algo que pudo conocerse…De algo que pudo conocerse y no se ha conocido.

Catálogo Asamblea de Extremadura, 1994

1995 ESTADOS DE PERVERSIÓN Y ESTADOS DE INOCENCIA

Tomás Paredes

Bosque, 1997
Hilario Bravo
100 x 81 cm
En la medida que el hombre va perdiendo su soledad, se contamina, se pervierte; y desde sus distintos estados de perversión, manipula y utiliza sus aptitudes y recursos, para conformar un sistema de pensamiento lógico.
En la medida que el hombre accede y actúa desde un estado de inocencia, crea, dispone de la actitud para posibilitar un pensamiento mágico y para materializarlo.
Todo sucede en un espacio y un tiempo determinados, pero, ocurre que el pensamiento mítico, desde la especificidad de sus componentes, organiza tiempo y espacio como un único principio intemporal, situado, con igual intensidad, in illo tempore que en lo por venir.
El arte es una acción del hombre, engendrada a partir de una actitud determinante, en su intelecto. Todo lo que es, antes tuvo que engendrarse, construirse en el pensamiento, ser para ser.
Este entramado de estados y pensamientos constituye el fundamento de la obra que Hilario Bravo presenta, ahora, en Madrid; del equilibrio o precisa arbitrariedad de esos elementos depende el grado de su hechizo.
En el estado de perversión, el hombre asimila, imbrica conocimientos, reagrupa conceptos, descompone para reordenar, utilizando los vestigios de la cultura y su disposición intelectual para justificar su estado y la evidencia material del mismo.
Desde el estado de inocencia, el hombre dice su dimensión absoluta o lineal, que consolidada llega a crear un lenguaje propio, que es el cauce natural de la constancia de su mundo esencial, de su aportación, densamente particular, única vía posible de aproximarse a lo universal.
Hilario Bravo conceptualiza formas, culturiza, poetiza, crea una iconografía de símbolos y conceptos, de deseos, de referencias míticas, en donde se entrelazan la almáciga de la razón y las simientes del pensamiento único.
Desde la inocencia, es una manifestación natural, crea; no como un suceso automático, sino como un prodigio inevitable, como una confesión de luz irremediable, propia, indómita, profunda, sencilla, que fija las huellas de su enteridad, el ser de su miajón incontaminado.
Mitanni, 1992
Hilario Bravo
87 x 71 cm
Materiales simbólicos como el sueño, el bosque, la escalera, cálices, peces, el tiempo, la noche, transitan en imágenes y conceptos, por estas telas, dominadas, ante todo, por su tensión poética, creativa, por su nervadura tonal, por los gestos funerales, por la búsqueda existencial. Hay hojas y ceniza y, en consecuencia, hubo lumbre.
En muchas ocasiones, si a estos fondos de luz acrisolada y retenida, si a esta pintura germinal, la liberásemos de los signos, incluso de la anécdota, perdería vistosidad, es decir, reclamo, efecto, pero nunca su entidad; es posible que aparentara ser más dura, pero nunca gratuita, lo que prueba y apoya su interés.
Alianza de pintura y de soltura, de formas y abstracciones, de mitos y de ritos, que autentifica este trabajo. La escalera simboliza la gradación ascensional, el culto a los antepasados, al igual que el pez, además, movimiento penetrante, barco místico de la vida, vetusta metáfora fálica y de la fecundidad.
El bosque es símbolo de la tierra, territorio sacrificial; la noche, madre de los dioses, simiente; la copa, corazón, contenido, talismán para la garganta de la hidromancia. En este luminoso retablo extremeño hay vibraciones, distancia, resplandor de fuego olvidado.
Hay en esta obra, óleo, materias, elementos orgánicos e industriales; gesto, ambición, insinuación del dibujo, apuntes de color; composición premeditada, equilibrio de estados y pensamientos y, sobre todo, el dominio de la voz de la suma de todos los colores, en suma: nivel de expresión y claridad, haz y envés de la música de Mozart.
T.S. Elliot defendía la poesía no como un hallazgo de la sensibilidad y de la emoción, sino como el preciso señalamiento de la evasión de la emoción. Hay mucho de los enunciados mozartianos y eliotanos, en la vida y en la obra de Hilario Bravo, oficiante de liturgias creadoras.
Desde “sueño”, 1990, una exquisita nota mozartiana y arquetipo del estado de inocencia, a “lenguaje angustiado”, 1994, magnífico ejemplo de heterogénea perversidad, hay veinte lienzos que testimonia un lustro de creación de este artista, cada vez más entregado a su tierra, a su yo, a sus raíces, a su particularidad, o lo que es lo mismo, cada vez más orientado, más libre, más en el horizonte de lo que es preciso ver, de lo que es necesario apartarse.


Catálogo Galería Pilar Parra. Madrid, marzo de 1995.

Ríos, 1992
Hilario Bravo
187 x 160 cm




2003 SEMÁNTICA CAUTIVA, VI

HILARIO BRAVO: SEMÁNTICA CAUTIVA

Juan Antonio Tinte


Vehemencia y la luna, 2002
Hilario Bravo, José Manuel Ciria
y Antonio Forgué
162 x 185 cm 
Una toma de conciencia inicial va dando paso a otra, dentro de un mismo proceso de conocimiento. Por eso las verdades, lejos de cualquier determinismo, no son definitivas. De hecho es la certeza aquello que hace insoportable el tránsito; merma el pensamiento porque tras ella nada hay, y, sin embargo, se persigue a través de una fórmula bipartita que, en la condición consciente de la existencia, nos aleje del existencialismo como camino alternativo.
En ese estado intermedio o tercer estadio, se encuentra la obra de Hilario Bravo, un autor en permanente búsqueda de respuestas. Hermético como pocos hallamos conocido y cualidades pictóricas adquiridas en la profundidad de una revelación con caudal interior. Es por eso que no es precisamente misteriosa, sino reveladora su pintura, un torrente de caminos jalonado de matices que tejen el laberinto de una misma cosa desde la perspectiva de quien sabe manipular la renuncia a lo fácil con el compromiso del descubrimiento personal.
Será, pues, el espectador quien se engañe a sí mismo si la vanidad no le permite otra cosa; porque estas pinturas que ahora presenta Hilario Bravo, se nos antojan más sólidas que nunca, necesarias dentro del proceso que de tiempo viene escrutando minuciosamente en partes, bellas en composición y forma en lo puramente plástico y más allá de esto donde el entendimiento es integrador de su particular ética.
Efectivamente, esta muestra puebla de riqueza gestual un mismo lugar de perspectiva ascética, en la que el temor a la amargura es un soporte que gana espacio, pero como telón de fondo, no en tanto que prioridad. De ahí que el color sea ahora un rango de encuentro, una ventana que sucede a la oscuridad en la que se descubre el sentido de las palabras que ahora se pronuncian por derecho propio en forma de pintura tan abrupta como sublime, tan aguda como jugosa de elementos.
Pero no nos olvidamos, y cuando apuntábamos acerca de si el espectador pretenderá engañarse a sí mismo o no, en efecto no lo hacíamos con la única intención de reducir nuestro interés al plano pictórico. A más de esto y conociendo la trayectoria de Hilario Bravo, a nosotros nos parece que la propuesta del artista alcanza hoy un estado de "Arte" donde el "Argot" da la sensación de querer manifestarse como lengua universal e innata, en una teoría y práctica de la mística como antes de Babel.


El Punto de las Artes, 24 de Octubre de 2003

Pizarra infiel, 2004
Hilario Bravo
162 x 135 cm

2003 SEMÁNTICA CAUTIVA, V

HISTORIAS DE LUZ Y DE RUINA
Lina Cruz-Pinto


Homenaje a John Keats, 2004
162 x 130 cm
"Toda gran obra es una revelación"
Virgilio Ferreira
En su obra se manifiestan en continuo y vibrante unísono la pintura y la poesía. Poesía, que a la par de la Filosofía son disciplinas superlativas del Conocimiento. Cabría, a propósito de esta creación pictórica, citar nombres influyentes y asumidos como Pessoa, Eugenio de Andrade, Ramos Rosas, Baudelaire, Borges, Elliot, Hölderlin, Bachelard o Cioran. Un vasto grupo de personalidades, cuyos pensamientos ciertamente retumban en la más profunda interdisciplinaridad de Hilario Bravo.
Sobre todo su discurso artístico impera una gramática poética revalorizada por una sutil elegancia gráfica y cromática, ambas crecidas al encanto del artista por las más variadas cualidades de soporte y donde, simbólicos signos plásticos, están aquí envueltos en un misterio, en un áurea que nos devuelve al primordial esplendor de la Ontegénesis.
Su pintura, por donde camina, perpetuo, el Dibujo es una filosófica reflexión sobre temas recurrentes; la tragedia de la muerte, la soledad de la contemporaneidad, la melancolía del pasado y la fragmentación del mundo interior, con su consecuente y perturbador infierno de lo cotidiano. Es aquí donde se abre en consecuencia, el silencio –el silencio del abandono, del irreversible fluir del tiempo. Es así, que Hilario Bravo "pintor-poeta" nos responde y nos devuelve a otra geografía capaz de ascender la serenidad de las emociones, la esperanza del paraíso, la claridad interior.
En este magnífico universo, fuente de belleza y de luz, nos coloca y nos inquieta este gran artista. De esta difícil esencialidad formal, brota sin par, un eterno y triunfante espacio de luz. De esa luz ya vista anteriormente en Goya y Velázquez, para volverse en una fuente de fascinación en Zurbarán. o, finalmente, de luz de conocimiento, de espiritualidad: la luz que habría de arrastrar a Saulo de Tarso a la ceguera, para después transformarlo y elevarlo a la clarividencia.
Es esta clarividencia, mezclada de riguroso trabajo ético y estético, la que Hilario Bravo revela en su pintura y de la que, sabiamente nos hablan sus deslumbrantes himnos a la paz.

Catálogo Galería António Prates. Lisboa, Mayo de 2003

Lure, 2002
200 x 180 cm

2003 SEMÁNTICA CAUTIVA, IV

LA FORMA EN TANTO QUE MOTIVO,

O EL CAMBIO DE LATITUDES EN  LA OBRA DE HILARIO BRAVO

José Manuel Ciria


Carta abierta, 2004
116 x 89 cm
Siempre resulta más fácil y hay mayor asepsia al escribir de la obra del artista que desconocemos, que cuando se desarrollan implicaciones personales o el artista en cuestión es un amigo. Difícil trabajo el del hermeneuta cuando para describir unas obras, se mezclan las ideas propias sobre el trabajo en cuestión, las indicaciones que del mismo hace el artista y los afectos. Sí, Hilario y yo somos amigos, lo somos con enorme complicidad y lo somos desde Roma, aquella Roma siempre eterna que tuvimos la suerte de compartir durante la primavera y verano de 1996.
Pero no es lugar aquí para recrear las anécdotas, que puedo asegurar que son muchas y jugosas, sino sitio para acercarnos a la obra de este pintor singular. Mi información sobre el trabajo de Hilario era escasa, cuando atravesé el umbral de la puerta del taller de la Academia, allí ante mis ojos un pintor cauto iba mostrándome una serie de trabajos de especial evanescencia, Catena d´acqua-Villa Lante, Nuvola, Giardino di sabbia… Comprobé por medio de catálogos que la obra, en contacto con Roma, se había transformado, los cuadros de Roma eran romanos, se supone que para eso nos enviaban allí. Hilario estaba tranquilo, visitando Villas y Giardinos, y atrapando con los pinceles el susurrar del viento contra las hojas de los árboles, la lluvia que caía de una pequeña nube en un cielo despejado, o las formas de los surcos del agua de un pequeño estanque, es decir, aquello que Hilario es capaz de interiorizar y posteriormente proyectar con la mayor de las sensibilidades. ¡Que artista tan raro, pintando estas cosas sin conceptos ni ideologías, buscando sólo la belleza!
Pizarra atenta, 2004
146 x 114 cm
Como el espectador puede suponer, el espacio físico donde se desarrolla el trabajo creativo influye enormemente en los resultados que se obtienen. Es más, solemos buscar y ahondar en esa diferencia. El cambio de escala, de iluminación, de estación atmosférica, de orientación, de simple espacio, conlleva un giro, una forma diferente de plantearnos el mismo problema, o bien, el salto, la búsqueda de soluciones nuevas. A la vuelta de Roma, Hilario Bravo cambia de taller en Cáceres, y el resultado favorece a un nuevo clima, a nuevas preocupaciones, Las Cuentas de Caronte, magnífico grupo de trabajos, que el espectador portugués tuvo la oportunidad de disfrutar en la exposición previa que de la obra de Hilario organizó António Prates, posteriormente de haber recalado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el MEIAC de Badajoz.
Después, una estancia en el infierno, la necesidad de ampliar horizontes, el sacrificado abandono de la familia y del hogar, el traslado a Madrid con sabor a tristeza pero con la urgencia y energía de lo inevitable. Madrid, de nuevo, transforma a Hilario, e Hilario transforma a Madrid, entiéndase cara a sus amigos, cara a las personas que le queremos. Conversar con Hilario, por si acaso nunca lo había mencionado, es entrar en un territorio de sinceridades, de profundidades abisales, de preocupaciones metafísicas y existenciales, de complicidades y de afectos, de amistad sin dobleces, sin envidias, sin ansia. Esto lo sabemos los que le conocemos bien, para el que se mantenga en la superficie Hilario quizá parezca un tímido o un huraño, un prepotente o un altivo. Ante una persona así, debemos entender su gravedad, debemos darnos cuenta que la obra y la persona forman parte del mismo cuerpo, debemos admirar no tan sólo los trabajos, sino la honda honestidad.
A pesar de lo grave, siempre hay espacio para la sonrisa y la ironía, Suite Intersecciones se llama este conjunto de nuevos trabajos, que él a rebautizado en un bucle o gazapo de restar toda carga como Suite Escocia. Durante el último año Hilario ha querido reinventarse. Durante todos estos meses, he tenido el privilegio de ir viendo como el trabajo se ha ido desarrollando, como la obra ha girado sobre sí misma modificándose, como han aparecido nuevas preocupaciones y soluciones formales, y como la obra ha ido creciendo en ambición y posibilidades. La forma en tanto que motivo, en un viaje único sin vuelta, sin desdecirse, sin renunciar como ante un buen Matisse necesitados únicamente de un buen sillón acompañante, y no por ello debemos desorientarnos y pensar que en esta obra nos existen planteamientos conceptuales ni preocupaciones teóricas.
Principio de escritura, 2004
162 x 130 cm
En lo estrictamente formal existen infinidad de novedades, el color siempre reducido, como es lógico en la obra de Hilario, aquí se ha visto invadido de nuevas gamas mucho más poderosas, las bien seleccionadas tierras, el ocre amarillo, los acordes de grises, el rojo inglés y el negro, un negro perturbador, un negro ombligo de las composiciones devorante cual Saturno, un negro agujero negro que atrapa las composiciones. De repente un torso femenino, María, unas grecas en carbón, las formas ondulantes del agua, números travestidos en palabras, sí palabras, palabras convertidas en elementos compositivos, palabras con contenidos que juguetean por la superficie brindando un aparente divertimento lúdico antes de caer en su significado, cruces e intersecciones, Malevich de música de fondo, el lucero del taller incorporado a la tramoya compositiva, la filtración de la luz en espacios irreverentes a lo lumínico, los surcos, el goteo, la búsqueda de caminos, aspas, punteos, salpicaduras, chorretones, otra vez la mancha negra, el damero, el animo, las bandas, esa línea alta de horizonte, un dejarse ir, un pintar con los dedos, con la mano, con la urgencia de no esperar a empapar el pincel, un abandono del centro y conquista de los laterales, de los límites de la obra, de las esquinas, una forma totalmente nueva de componer, un nuevo Hilario Bravo, que a pesar de lo acontecido, no traiciona su sendero, su forma de ver y entender la pintura, una entrega a lo humilde, a lo mínimo, a la apariencia pobre, a lo mate, a lo austero, a la profundidad, a lo auténtico.
Definir un territorio expresivo implicándonos en su dimensión, quizá sea la conquista alcanzada por Hilario en Madrid. No debemos abandonarnos en una serie de ideas disgregadas, difusas, sino intentar vincular dichas ideas mediante un método, una normativa, para observar que cada solución formal, cada recurso, cada fragmento se relaciona con los anteriores y los que le siguen. Hemos comentado en alguna ocasión que la pintura cuando se singulariza necesita como la “banqueta de un bar” de al menos tres patas: lenguaje, dicción y verbo. El lenguaje a ciertas alturas se consigue simplemente con la repetición de elementos o recursos, las denominadas variaciones significativas por el semiótico. Hilario Bravo en ésta Suite Intersecciones (o Escocia) nos habla principal y redundantemente de la dicción y el verbo. Toda solución aditiva cabe, cualquier verbización es declinable, la obra contiene una forma de autentificación interna que no depende de parámetros externos. El proceso constructivo por medio de los recursos utilizados como collage, aparte de caracterizar este grupo de obras, las dota de una dimensión investigativa sobre sus propios procesos, cuestión ésta que no había aparecido en formulaciones previas del trabajo de este artista.
Signos de rosa negra, 2004
100 x 81 cm
Si la obra remota de Hilario Bravo debemos circunscribirla a una permanente búsqueda de la belleza y la liricidad, el bloque intermedio (Las Cuentas de Caronte) debe entenderse como una expresión de profundización espiritual, de sufrimiento metafísico, de mera e inexplicable existencia torturada, de grito. Esta serie última, aparte de las nuevas y ricas soluciones formales ya mencionadas, obligatoriamente debemos observarla como la de las implicaciones discursivas. Madrid, ha debido sentar bien a Hilario, cuando ha conseguido en pocos meses dotar a su obra de unos contenidos y un bagaje que previamente simplemente no existían. Se trata de, como hemos dicho, una utilización constructiva de los recursos que se hace corresponder o se emparenta a una especie de universo plástico y formal, que por medio de dichas “herramientas” otorga un indeterminado número de contenidos poéticos ofrecidos como vehículos de una expresiva comunicación. Los recursos como palabras, como posibilidades verbales, aparte del juego otorgado por las propias palabras. Una especie de guiño conceptual, con el que la pintura de determinados artistas nos sorprende. Un campo de análisis y un vasto abanico de presupuestos expresivos se abre paso en todas las obras que conforman la Suite, una interrelación entre los trabajos en esta gramática que deben entenderse en su conjunto, independientemente de la mayor bondad de uno u otro.
Para terminar este breve glosario, no puedo evitar seguir el dictado y reflexión que estas obras suscitan. Necesito que nos percatemos de tres aspectos. El dispositivo interpretativo que abre líneas conceptuales, permitiendo la configuración de significados, desvíos, cambios de rumbo, derivas. En coherencia con lo anterior, la autonomía doble, por un lado de los recursos, y por otro, de la propia propuesta con respecto a otras formulaciones, inmenso en cuanto a nuevas posibilidades. Y un tercer aspecto, que muestra un proceso de trabajo, que sin recurrir a ninguna influencia ni paternidad o cita, se configura como una manera de pensar la pintura absolutamente contemporánea, quiero decir, de ahora mismo. Sin duda, el Hilario Bravo más interesante que nunca he conocido.

Catálogo Galería António Prates. Lisboa, Mayo de 2003

Pizarra esencial, 2004
100 x 100 cm

2003 SEMÁNTICA CAUTIVA, III

HILARIO BRAVO / ASPIRACIÓN A LO ABSOLUTO
José Marín-Medina

Home, 2002
116 x 114 cm
A veces olvidamos que la formulación del arte moderno, desde sus orígenes a finales del XIX hasta las actuales poéticas posmodernistas, no sólo se manifiesta en la indagación de unas formas nuevas –es decir, en una realidad plástica "distinta"—, sino también en la busca de un nuevo tema –un contenido que signifique algo por sí mismo— y de unos nuevos principios de síntesis. Ante la pintura de Hilario Bravo esta triple búsqueda –formal, temática y de lenguaje— resulta determinante, ya que, desde el principio, combina en una misma acción la realidad de sus motivos –predomi nantemente, simbólicos— con la realidad de su medio –la pintura— y con una síntesis de estilo muy personal, que liga ritmos de dibujo muy marcados (generalmente, sencillos, escuetos; algunas veces, insistidos y sobrepuestos, casi como en un palimpsesto; y, en ocasiones más recientes, un punto abarrocados, con marcado gusto por lo ornamental) sobre espacios de color marcadamente planos y despojados, espacios sometidos progresivamente a un criterio de clara estabulación geométrica.
Sobre ese concepto sólido de pintura "de modernidad", la predilección personal del artista se manifiesta en una voluntad de síntesis de la forma y del color que, derivando desde la observación de elementos preferentemente de la naturaleza -soles, fuego, nubes, lluvia, ríos, brazos y cabezas humanas, sexos femeninos, semillas, flores, palmas, árboles, plumas... (sin excluir, por ello, elementos sígnicos de la esfera religiosa y cultural, como aras, cálices, cruces, escalas, cifras, letrismos, signos de infinito, círculos, ábacos, dameros...), procede hacia un sintetismo radical del motivo, hasta lograr infundir la primacía del acto creador sobre cualquier propósito de mantener en el cuadro la representación o descripción visual del "objeto". Ello implica una actitud experimental, que traduce la realidad en idea, y que transforma las ideas en experiencias emocionales, o sea, en sentimientos de intensa y mística religiosidad, los cuales cobran expresión sensible en la pintura.
Muse, 2002
116 x 114 cm
Una corriente marcadamente literaria, intuitiva y poética, alienta en esta práctica pictórica orientada hacia lo absoluto, reaccionando contra realismo y figurativismo en arte y contra materialismo y robotización en la vida. Se trata de una práctica, pues, descendiente directa del espíritu romántico en su acercamiento a las realidades últimas, en su vivencia hecha de intimidad y espiritualidad, en su capacidad de trascender las experiencias físicas particulares, en su vocación de revelación final, haciendo que lo común resulte extraordinario, que lo cotidiano se transforme en excepcional, que lo vulgar sea excelso y que lo caduco se constituya en infinito. Se trata asimismo de una actitud cruzada de señales magicistas, inclusive surreales: recurso a formas neumáticas, esquemas de vuelo de pájaros, evocación de escenarios de luz y de oscuridad, relación directa de lo terrenal con lo celeste, transposiciones ensoñadas de motivos y lugares de la mitología clásica... Este situarse entre romanticismo y magicismo equivale a adoptar posiciones dentro de ese eslabón que, entre ambos, fue "históricamente" –pero también "en sensibilidad"— el simbolismo.
Hilario Bravo es un solitario, un "raro" entre los artistas "de la representación", que, sin querer distinguir entre figuraciones y abstracción, busca un arte basado en la emoción, una pintura que trascienda la apariencia y que exprese la fuerza de lo interior, a través de la simplificación de las formas y de los símbolos, dentro de un sistema compositivo sintético amplio, por más que cimentado sobre criterios de geometría y de dibujo extraordinario, recurriendo además a una mantenida purificación expresiva del color. La ampliación de su vocación por el predominio del espacio sobre los demás elementos plásticos –distribución distinta del espacio, abordando los bordes del cuadro— marca, a su vez, el presente de este arte, que, en su fuerza nostálgica, siempre valora lo impremeditado, lo inmediato, inclinándose ahora hacia el vacío como valor, a pesar de la concentración de elementos que se acusa en el centro de la composición. Pero no nos engañemos: esta búsqueda del espacio lleva también implícito el profundo sentimiento religioso –de "religación" con el universo— de toda la obra de Hilario Bravo. Es un sentimiento contemplativo que le llega del mundo oriental, de los meditativos jardines de arena del budismo zen y de los principios místicos de El Zoar, según los cuales, Dios es el espacio en sí mismo.


Catálogo Galería António Prates. Lisboa, Mayo de 2003

Hope, 2002
116 x 95 cm