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domingo, 4 de marzo de 2012

2008 EL BOSQUE OCULTO

María Jesús Herreros de Tejada

Ante la propuesta de llevar a cabo una instalación en el Patio del Palacio de Carvajal, Hilario Bravo no dudó en decidirse. No en vano, cualquier vía de creación le es válida para expresar sus ideas, su mundo, con una continuidad siempre en su obra, sin rupturas, simplemente utilizando otros medios, siempre el mismo lenguaje.

Allegoriae. 2008
400 x 100 cm
Un momento en los trabajos
de ejecución




















Llegado el momento, en la visita que le hiciera a su estudio, la satisfacción fue notable. No sólo tenía casi terminado el proceso de ejecución del proyecto, a pesar de las grandes dificultades para trabajar en grandes dimensiones, sino que además había sido capaz de trasladar a un formato inusual, largos rollos de brezo, su forma de comunicar un mensaje, un concepto, una idea.

El pozo de los sueños. 2008
400 x 100 cm
En su sólida trayectoria existen algunas instalaciones, sobre todo en sus primeros años, en el País Vasco donde Hilario, cacereño, creció y se formó, en las que el tono era de protesta y reivindicativo. Después, ha utilizado este medio como complemento a su universo plástico. En otras ocasiones, la supeditación a un espacio a la hora de crear una serie ha sido tan acentuada que también se puede hablar de instalación o intervención. Este es el caso de Las Puertas del Sueño, en el Museo de Cáceres, donde el formato quedó supeditado al lugar en que se imbuía, manteniendo en toda la serie la verticalidad o los grafismos de las lápidas funerarias para cuyo ambiente fue realizada y junto a las que estuvo expuesta.


Arbor elementalis. 2008
400 x 100 cm
En esta ocasión nos encontramos en un caso similar. La propuesta era una instalación, pero realmente cada una de las piezas que la conforman es una pieza en sí misma, es una obra independiente, con su mundo, su lenguaje y su significado, así, podemos hablar de una nueva serie El bosque oculto, ligado además al trabajo que viene realizando desde 2005 en torno a la naturaleza. Aquí, más aún, ha sido determinante el espacio, un patio de seis columnas. Entre las primeras ideas, la referencia al Templo de Amón en Karnak, su gran sala hipóstila. Lugar comprimido de columnas que ocupan el espacio como no queriendo dejar sitio al vacío, donde los rayos de sol siguen su curso a través del templo creando juegos de luz, penumbra, sombras, y oscuridad. Similitud inevitable con el bosque, donde a veces la luz no llega porque tiene un camino intransitable. Seis obras condicionadas por la verticalidad espacial, por tanto, el impulso creador, movimiento in crescendo hacia la vida, tendencia hacia lo espiritual.

Ahora, ha sustituido el lienzo y el papel por algo tan tosco, quebradizo e irregular como el brezo. El blanco sucio, manchado y cenizo, que le ha caracterizado durante muchos años, el horror vacui multicolor de sus últimas obras (vuelvo a recordar Las Puertas del Sueño), se ha convertido, ocasionalmente, en un marrón rojizo seco, lleno de rugosidades e irregularidades. Rollos de brezo que, a modo de caquemonos japoneses, se han convertido en el soporte improvisado de las obras que conforman la instalación. Sobre ellas, entre pintura y collage plasma esa interpretación personal de su Bosque Oculto.

Arbor filosophica. 2008
400 x 100 cm
Flores bajo la tormenta. 2008
400 x 100 cm



















Hilario muestra fascinación por el símbolo, a través de él transfiere su interioridad, su universo al mismo tiempo personal y plural. Utiliza imágenes visuales que conllevan misterio y metáforas, que significan mucho más de lo que aparentemente muestran, creando un lenguaje entre lo insinuante y lo oculto, lenguaje al mismo tiempo que parte de un conocimiento universal pues el símbolo se ha manifestado a través de la historia, como verdad objetiva única aunque con el matiz particular de corresponder en cada momento a una época concreta. Así es y ha sido a través de su ya largo viaje creativo, series que parten de referencias muchas veces mitológicas, trascripción de textos poéticos o bíblicos, o sencillamente de sentimientos o visiones personales, o posturas frente a la vida.

Arbor vitae. 2008
400 x 100 cm
El Bosque Oculto de Hilario Bravo, parte de la verticalidad, desde la profundidad del pozo, agua purificadora, hasta la luz, entre la penumbra y el rayo, nos viene a significar siempre esa misma idea: El bosque es el árbol, la naturaleza, conlleva la vida, el eje entre lo terrestre y lo celeste, la fuerza. Arbor vitae, generación, regeneración e inmortalidad, la serpiente que vive en el bosque repta hacia la altura, símbolo de la energía, símbolo femenino y otra vez la fecundidad y la vida; Arbor elementalis, sustancia primordial de la creación, el tronco fuerte y sólido crece hacia nubes que presagian agua, las flores muestran el nacimiento de la vida; Arbor filoshophica, símbolo del proceso evolutivo, Hilario lo traslada a cinco estados elementales de los sentimientos: odio, venganza, culpabilidad, vergüenza y amor, en orden ascendente: los seres se buscan, se encuentran, se separan, se atormentan y en la última escala se renuncia por el amor; Flores bajo la tormenta, El pozo de los sueños y Allegoriae: la tormenta con el rayo vuelve a ser potencia, fuerza y energía, el pozo, aspiración sublime, la mujer como el árbol, alegoría de la fecundidad y de la abundancia.

El Bosque Oculto de Hilario Bravo es una creación simbólica y poética de la naturaleza, nos trasmite su pensamiento en imágenes, de las cuales hacemos nuestra lectura e interpretación. Como colofón, una frase de Rene Guénon, definiendo el sentido del símbolo: El verdadero fundamento del simbolismo es la correspondencia que liga entre sí todos los órdenes de la realidad, ligándolos unos a otros y que se extiende, por consiguiente, desde el orden natural tomado en su conjunto, al orden sobrenatural. En virtud de esta correspondencia, la naturaleza entera no es más que un símbolo, es decir, que no recibe su verdadera significación más que cuando se la mira como soporte para elevarnos al conocimiento de verdades sobrenaturales.


El bosque oculto. Catálogo Institución Cultural El Brocense. Abril de 2008



Vista general
de la instalación.
Palacio de Carvajal. Cáceres. 2008



EL BOSQUE OCULTO
Hilario Bravo


El incendio. Las brasas. Las cenizas de las que surge una nueva e incierta pasión no exenta de cuidados.
Llamas que las copas de vino no apagan... en el borde, las infelices burbujas.

Errante en el bosque,
vida de maleza...
¡La chispa de un rayo!

***

Noche oscura. El frío y los miedos: heroicidad del sobrevivir. Un búho que ulula a la noche cerrada su miedo por la sabiduría.

Canto del búho
que hiela el corazón.
Nada amarillo.

***
Si, al menos, los fantasmas acudieran al exhorto de esta ya tan larga noche de espantosa soledad ¿Cómo y dónde retomar el sendero, zarzal infame?

***
La hojarasca de lo inútil se arremolina y baila con el aire estrafalario de los espíritus sin sepultura. Las ramas desnudas suenan como el entrechocar de los huesos del pensamiento: las tripas se han quedado encinta, el cerebro ha sido pergeñado, el corazón está de parto.
En esta oscuridad el vino de los sueños reconforta como el pecho de una ninfa.

***

Raúl me sugiere tres palabras relacionadas con bosque: Soledad. Miedo. Vacío.
Juana me sugiere tres palabras relacionadas con tormenta: Serenidad. Desequilibrio. Erupción.
Santi me sugiere tres palabras relacionadas con rayo: Iluminación. Empatía. Contacto.
Olga me sugiere tres palabras relacionadas con niebla: Frío. Tristeza. Depresión.

***
El bosque de Birnam, siempre en movimiento. Bosques somos en perpetuo movimiento y que chocan en violentos encontronazos de bosques. Arbolazos que silencian el frufrú de la seda.

***
El bosque animado, el bosque silencioso, el bosque de las ninfas, cantarines ronquidos el de las dríadas, jadeos de sátiros ebrios en el último minuto de la noche, antes del alba, previos a la tormenta y que se enredan en los troncos gruesos del bambú.

***
Arco iris de medianoche.
¿Sabemos dónde crecen los líquenes y por dónde hollan las hormigas en este bosque sediento de sueños? No hay bosque sin árboles, tampoco sin zarzas y alimañas.

***
Este cielo, apenas entrevisto en la espesura, tan intensamente azul, rayando lo plomizo. Esta agrura en donde, cuando desaparece la luz, se diluye mi sombra. Esta pesada carga que no sacia este juego de verdes veronés. Los tonos tostados de los troncos que tanto recuerdan el color de la tierra que me haya de acoger con la lápida ingrávida y tierna de la hojarasca del castañar. No llueva sobre la pesada tierra de mi tumba.
Serena presión, mullido manto, testamento de las gotas de lluvia que resbalan de rama en rama lagrimeando sentimientos para no soportar esta ausencia de deseos. ¿En qué ciénaga se ahogarán tanta cifra, tanta letra, tantos números de móvil.

***
De popa a proa por la manga de un shampám pirata, bajo las tormentas del Índico, pienso en lo extraordinario de las libélulas en las charcas del bosque.

***

Me siento como esos pueblos que toman a un determinado árbol como protector, como si representaran en ellos las aspiraciones y las cualidades genéricas de su propia cultura. Así, la higuera para los hindúes a la que dan el significado de la iluminación, el tilo para los germanos; el fresno para los pueblos escandinavos; el roble, que para los celtas era símbolo de la divinidad y del principio masculino y que para los romanos representaba a Júpiter, dios del trueno; el melocotonero, para la cultura china taoísta, representaba la inmortalidad ... de tal forma que ese crecimiento, su porte, lo profuso de su follaje tuvieran una idea de regeneración natural, casi de eternidad.

***
En la negra, incierta noche, el fuego activo se derrama ocupando toda la cúpula del cielo descargando sus potencias con el vértigo del sobrecogimiento.
Bajo la mirada del tercer ojo destructor de Shiva, se eriza su ira como se erizan las ramas, el desasosiego y los anhelos.
En medio de las tinieblas la insolente luz de neón crea un día fantasmagórico, fracción de segundo, naturaleza retratada con la mirada demudada y con los ojos rojizos por la luz del flash.
Las valquirias desatan su furor en el piso de arriba:

Inmisericorde,
el cielo arrastra
con feroz ruido
sobre mi cabeza
los muebles de su tormenta.
Mientras, se me muere la vida
envuelta en un sudor
que soy incapaz de enjugar.

***
Verticalidad, ascenso decidido al más arriba, pene soberano en la persecución de quimeras, estrecho dogmatismo.
La torre fulminada por el rayo, decimosexto de los arcanos del Tarot  la maison Dieu— avisa de las maniobras de la soberbia y de su tobogán hacia la destrucción.
Torre de Babel que nos transporta a las columnas de Jakin y Bohaz, es decir, las que corresponden a las del poder y la vida individuales. La torre cuya corona es arrancada por el rayo que parte del sol por ser tormenta divina y, por ello, demasiado humana. El cuerpo de la torre –color carne como el de la carne que nos avisa de su semejanza con el ser humano— se resquebraja como el cuerpo de un empalado.
Dos personajes caen heridos por el desplome, figuras invertidas, correspondientes a las del rey y el arquitecto.
Torre que es símbolo del derribo al que hubieran de someterse aquellos aspectos del yo que subsisten y que son susceptibles de quebrantar nuestra unidad esencial.
Exceso de seguridad en sí mismo, megalomanía, soberbia y orgullo cercenados por satisfacción del rayo...

La misma sima tiembla.
Al paso corto,
deciso y contundente
de los suicidas
que al escarpado filo
yendo se acercan,
firmes y consentidos,
bajo la tormenta.

***
Si existe alguna verdad absoluta ésta se muestra tan sólo al abrazar a un árbol, juntando al tronco el corazón. Genios de la naturaleza y númenes ocultos se manifiestan con afán de redención, transformando esa naturaleza en nuestra propia naturaleza. Abrazo entre dos iguales que unen sus respectivos corazones para hacérselo propio, hacérselo uno, mayor y mejor.

***
Por otra parte, esa siempre sorprendente verticalidad del árbol, parece crear un eje arriba / abajo en una idea de crecimiento hacia el cielo, tal vez una escalera que transporte a los ideales, a los sueños. Eje entre dos mundos.
La verticalidad de la cruz cristiana es también un símbolo vertical con ramificaciones horizontales –eje del mundo que sólo es efectivo si se halla en un centro cósmico— de tal forma que se asocia con el arbor vitae, heredero a su vez del hom o árbol central colocado entre dos animales fabulosos o dos seres míticos, tema mesopotámico que los expertos ramifican desde el Oriente al Poniente, pasando por Bizancio.

***

La diosa china Tien Mu es la personificación del relámpago. Su función no era otra que la de iluminar, con su hurona luz, a aquellos que actuaban mal con el fin de que Lei Kung les pudiera alcanzar con la fuerza de sus rayos...
Por el contrario, en la tradición chamánica –ciervos cuyos cuernos podían tener la forma quebrada del rayo— ser alcanzado por la centella era señal de iniciación y ser matado por ella representaba alcanzar directamente el cielo.
Otros creen que ser alcanzado por un rayo permite desarrollar los poderes psíquicos que hubieran permanecido latentes.
El rayo asociado a la intuición y a la inspiración... la capacidad para atravesar el puente que divide los tres mundos ¡Eureka, Saulo!

***
Un árbol que llega, retrasado, cuando ya las puertas del Deseo han cerrado con el estrépito de un trueno ¡Cómo sopla el aire en su copa... gente errática!
Apocalíptico, en otoño, el viento cabalga su Kawasaki para desecar las desdichadas hojas que con tanta perfidia acarició durante el verano. Macilentas, las hojas se van agostando –pobres subyugadas por la hortera parafernalia de motero— para derrocharse en la espiral de su turbada caída y prenderse, como una puntada más, del manto de la tierra. Brillante y tersa hoja que fue de la primavera ajena.
La confianza de las flores silvestres en el polen, las abejas, el esperado aguijón de la traición en la agrura, las mentiras del bosque. 

SoMbRas que cAmInan
AL ANocHecER
GrItaNdO ECoS
poR Los SomBrÍos boSqUes
deL aMoR.

***
Como animal mítico que escupe su fuego devorador, consumidor y consumador. Rayo que suena, habla, brilla y arde.
Lenguaje y fuego, creadores y destructores de cielo y tierra, tierra e infierno, de los mundos exterior e interior.
Arrasar este averno a golpe de lanzallamas...

Y
en un
descenso
al infierno,
al negro sótano
que el hálito posa
en la doliente escala,
la noche que en todo punto
el desconcierto corta, quiebra.
Avaro el valor, bate esta sombra.
Llena de inquietud, el alma zozobra.
Ya están mutilando mis pies anegados
estos oscuros entreluces del despeñadero.

***
Surge esta figura de mujer que, envuelta en su túnica, apoyada en la roca y recogidos los brazos, medita...
Estoicismo clásico no alterado por el desmedido ventarrón que hace crujir los troncos de los cipreses y flamear su manto. Ajena a todas las hojas que quieren huir despavoridas de las ramas, la cariátide del cielo, bajo la borrasca, enfrenta su serenidad  a la tormenta.

A la feroz primera lluvia de otoño
responde el revuelo de unos gorriones
y, a éstos, los truenos
atávicos de la arrinconada infancia
y las chispas de una gran recta final.
Torrenteras de agua,
rumores wagnerianos.

***
Deseo erótico que aún de la candente ceniza resurge. Deseo del bosque que ansía el dulce tacto del musgo en la ingle del árbol y en la redondez plena y contundente de las rocas. Sensual el deseo en la brisa que sutil transporta los aromas de tu tocador: laurel, brezo, jara y espliego.

Entre lirios y cinamomo
donde tú estés,
pájaro de amor.

Resonancias:
Alheña, corcha, pecho, caricia, amor. Trueno, tormento, caricia, temor. Noche, obtuso, querida, mentira, caricia, amor. Y en todo ello, caricia, maravilla, caricia, amor, caricia, tormenta, temor...

Los gatos
arrebujan su calor,
ronronean su amor
y salpican de aliento
el interior de los nichos
en los días,
en las noches
largas de tormenta.

Declina la luz.
Tenue,
sin misterio.

***
En este bosque oculto, todavía poblado de dioses, suspendo en sus más propicias ramas esta ofrenda.
La selva, como esposa nunca dominada o cultivada, fue dada por los druidas al sol, único cónyuge posible. Mi alma de oficiante recorre pues, no sin un cierto sentimiento sacrílego –con los más estrictos cuidado, prevención y respeto, llegando incluso a retener el aliento— senderos abiertos tan sólo por los animales que saben por donde hollar la espesura en persecución de los distintos planos de su significado, buscando, encontrando y asimilando los principios materno y femenino.




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